jueves, 21 de junio de 2012

Que se alegren los justos con el Señor


Nuestro Señor Jesús dio a sus discípulos el Padre nuestro como la oración perfecta, estandarte el cristiano, que ha de brotar del corazón de los hijos de Dios. En ella el que ora puede expresar todos sus deseos en la forma y con el orden que corresponde. Jesús nos habla del Padre quiere que sea “el Padre” para cada persona. Distinto ha como era entendido en la antigüedad. Hágase tu voluntad: no significa lo mismo que decir, “que sea cumplida tu ley”. Perdónanos: nunca se añadía como perdonamos, pues sólo se perdonaba a los del mismo pueblo judío. Líbranos del mal no es lo mismo que “libera a Israel”. 

El Padre es la fuente del ser divino, de él emanan el orden y el misterio de las Personas divinas. De El obtiene sus riquezas el universo, y cada uno ha recibido de él «su nombre», es decir, su identidad y su dignidad. Cuando hablamos del Padre de los Cielos no significa que esté lejos o encima de nosotros, sino que tratamos de elevar nuestro espíritu hacia él. Reconocemos que nuestras palabras no son dignas de él y que nuestras preocupaciones son muy limitadas y egoístas comparadas con la grandiosidad de sus pensamientos y la generosidad de su amor. Que podamos dirigirnos a Dios y llamarlo Padre es el privilegio de los discípulos de Jesús. Hablamos de su Nombre para indicar su presencia activa, su irradiación, su esplendor que está sobre toda criatura. Es una manera de mantener cierta distancia entre lo que sabemos de él y lo que realmente él es. Santificado sea tu Nombre. Que la presencia del Padre y el esplendor de sus obras sean reconocidos entre los que le pertenecen. El Padre quiere imprimir su Nombre en nosotros para que de día y de noche haya una comunicación misteriosa entre él y nosotros, lo mismo que el Padre y el Hijo quedan unidos por su Espíritu Santo.

Venga tu reino. Es necesario despertar constantemente la esperanza, para darse cuenta de que está viva cuando, aún en el sufrimiento y las contradicciones, permanece la alegría. Los hijos de Dios son personas reconciliadas y pasan a ser un fermento en la sociedad; de este modo toda la realidad del hombre, con sus proyectos, sus trabajos, sus construcciones económicas y políticas se encamina hacia una meta común: todo y todos han de volver al Padre.

Hágase tu voluntad. Condena muchas oraciones en las que se pretende presionar a Dios. Si bien algunos creen tener mucha fe porque constantemente esperan que Dios solucione sus problemas, los hijos de Dios, en cambio, elevan su espíritu hacia él para que la voluntad de Dios pase a ser su propia voluntad.

Así en la tierra. Todo lo que es creado y sujeto al tiempo depende de otro mundo no creado donde no corre el tiempo: éste es el Misterio del Ser Divino. Pedimos que todo llegue a ser conforme a ese proyecto de Dios que se cumplirá al final.

El Padre se comprometió a darnos el pan si estamos atentos a su palabra (Dt 8,3). El pan que necesitamos. El hombre moderno cree que toda su prosperidad material depende sólo de su esfuerzo. Pero la Biblia afirma que todo depende a la vez de Dios y del hombre.

Perdona nuestras deudas. Se trata tanto de las deudas como de las ofensas. Dios quiere perdonarnos, o sea, acercarnos a él, pero nosotros nos aferramos a lo material. Y es de tener en cuenta que se nos perdonará si le damos a Dios “la medida” para que Él nos perdone, (así como nosotros perdonamos)

No nos dejes caer en la tentación. Así se expresa el que es consciente de su debilidad. Y debemos saber que el enemigo no es “el mal”, sino el Maligno. Muchos quisieran que el espíritu del mal no fuera un actor personal, pero es un ser personal que por odio a Dios, propicia con astucia nuestra desgracia.

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